27 de mayo de 2010

HACE 100 AÑOS...


Fue un inicio casi silencioso, sin grandes titulares el comienzo de la historia de la Selección Nacional en aquel lejano 27 de mayo de 1910. Cuando la camiseta no era roja sino que albirroja. Cuando no había debates tácticos, porque todos los equipos se ordenaban con un sencillo 2-3-5. Y cuando nuestro representativo comenzaba a medir fuerzas con sus vecinos para construir su propio derrotero.
Fue en abril de ese año cuando se recibió la invitación para competir en un torneo que formaba parte de las celebraciones del Primer Centenario argentino. Por ello, se fijó para el domingo 24 de dicho mes una serie de partidos entre los representativos de las asociaciones regionales para escoger a los mejores jugadores que integrarían el plantel de 15 convocados.
Los próceres elegidos fueron el arquero L.C. Gibson. Los defensas E.F. Ashe, Luis Barriga, Carlos Hormazábal y J. Mac Williams. Los volantes –halves en esa época- Henry Allen, Próspero González y Andrés Hoyl. Y los delanteros Colin Campbell, J.P. Davidson, Juan Hamilton, Joseph Robson, Frank Simmonds, Heriberto Sturgess y Arturo Valenzuela. Este último renunció antes del viaje, por lo que fue reemplazado por Arturo Acuña, quien podía oficiar tanto de half back como forward.
Nuestro representativo, gracias al recién inaugurado Ferrocarril Trasandino, arribó a Buenos Aires el 24 de mayo para enfrentar su primer partido tres días después, ante el team local. El uniforme chileno distaba mucho del tricolor de hoy, ya que era camiseta dividida en dos mitades: rojo y blanco. Los pantalones y las medias también eran en tono carmesí.
Poco más de 6 mil personas llegaron hasta la cancha de Belgrano para presenciar ese pleito que comenzó bien para Chile al anotar el primer gol. Incluso, el portero Gibson contuvo un penal. Mas, el oficio que ya mostraban nuestros vecinos terminó por imponerse para vencer por 3-1.
El comentario especializado expuso que el equipo chileno “aunque no parecía ser del todo homogéneo que podría pedirse, es una fuerza nada despreciable”. Además, se remarcó que la Rojiblanca jugaba “con calma, a pases cortos y bien medidos, conseguían avanzar, aunque en muchas ocasiones se demoraban en la tentativa final”. Era el inicio de los años heroicos.